
Con la naturalidad y carisma que la caracterizan, Natalia Jiménez regresó al
escenario del Auditorio Benito Juárez donde fue recibida con entusiasmo y
energía por un público que no dejó de acompañarla a lo largo de toda la
noche.
Antes de salir al escenario compartió a la prensa que esa noche estaba
estrenando vestuario del diseñador jalisciense Benito Santos, con quien
mantiene una cercana relación creativa y amistosa.
“Los trapos que van a ver en el escenario los estoy estrenando hoy
porque Benito me hizo trapos nuevos”
Desde los primeros minutos, la cantante expresó su emoción por volver a
Guadalajara y por ser parte del 60 aniversario de las Fiestas de Octubre.
“Qué gusto estar aquí en el 60 aniversario de las Fiestas de Octubre,
muy feliz de estar aquí con todos ustedes, poder presentar mi gira La
Jiménez aquí en la feria como Dios manda, muy contenta. Oigan,
esta gira La Jiménez trata un poco sobre las canciones que me
gustan a mí; básicamente lo que van a estar escuchando son
canciones que me encantan y tengo la suerte de que también le
encantan al público”, expresó emocionada Natalia frente a su
público tapatío.
Tal como prometió, el concierto se convirtió en una celebración compartida.
Desde El triste y Si no te hubieras ido, el público acompañó cada verso,
siguiendo la propuesta de la cantante de convertir la velada en un karaoke
masivo.
El repertorio recorrió distintas etapas de su carrera, con clásicos como Creo en
mí, Me muero y Quédate con ella, además de homenajes a la música mexicana
y latinoamericana, con versiones de Cien años, Sabor a mí, Perfume de
gardenias y La gata bajo la lluvia.
Acompañada por mariachi y una banda que alternó entre boleros, baladas y
pop, Natalia volvió a demostrar por qué su voz y su presencia conectan de
forma tan genuina con el público. Su interpretación de El sol no regresa y
Querida marcó uno de los momentos más emotivos de la noche, antes de
cerrar con una selfie colectiva con el público.
Más allá del repertorio, la cantante reafirmó el cariño que tiene por
Guadalajara, una ciudad a la que ha llamado en varias ocasiones su “segunda
casa”. Con humor, cercanía y una energía contagiosa, Natalia dejó claro que su
relación con el público tapatío va mucho más allá de la música: es una historia
compartida, canción por canción.